sábado, 22 de agosto de 2009
2 dientes
miércoles, 12 de agosto de 2009
¿11 meses ya Palomi? Toda una vida...
miércoles, 24 de junio de 2009
Palomita de Maíz (chu ru ru)
Chu ru ru
chu ru ru
churu ruru ruru
ruru ruru ruru ruuu
Palomita Palomita
Palomita de maíz
Palomita Capullito
Palomita Beatriz.
Palomita de maíz
Palomita Capullito
Palomita Beatriz.
Chu ru ru
chu ru ru
churu ruru ruru
ruru ruru ruru ruuu
Esta es la primera canción que te canté Palomi, tiene la música del cangrejito de coral de Mazapán.
Tú la escuchas y te duermes y sabes que este canto de mamá
jueves, 2 de abril de 2009
Tú me resucitaste
Porque ese día de Mayo yo morí Palomita.
Tú lo sabes.
Y lo sabe papá, y lo sabe todo el que me conoció antes y después.
Yo morí.
Se me murieron los sueños y los proyectos.
Se me acabó la vida.
Se me terminó la felicidad, sucumbí a los años, al tiempo, al peso en la espalda, sucumbí al dolor y a la pena y pensé que nunca jamás podría volver a ser lo felíz que siempre había sido...
Ese día lo vi salir a comprar pan como el bebé que era para mi, lo vi salir por esa puerta ese atroz Miércoles de Mayo a mi niñito de siempre, mi carita de luna, mi guagua, mi pequeño.
Pero al volver ya no era el mismo. Se había quedado para siempre en algún rincón de la calle, quizá en el almacén al que había ido, quizá en alguna vereda, te juro que salí a buscarlo entre el desconsuelo y la desesperación y no le hallé...y nunca más le volví a hallar...nunca más, porque el que volvió ese día con el pan ya no era él.
Ese fue el día en que morí.
En que vi morir mi vida entera.
Nunca le había contado esto a nadie Palomita.
A veces, en ocasiones, como ahora, en que vuelvo a recordarlo vuelve a ahogarme la pena...ya ves, hasta me cuesta ver el teclado porque me llueven los ojos.
Vuelvo a tener la certeza de esa muerte, porque eso es lo que fue para mi: Una muerte.
No puedo llamarle de otro modo, al menos no por ahora.
Pero el tiempo pasó y en la nobleza de este pasar mi pecho me habló de la única resurrección posible:
La de tu nombre.
Entonces el universo entero decidió confabular y con los hilos de las nubes se tejieron tus caricias y la bendición de tus aromas.
Por eso digo que tu vida es la mía, que la mía es la tuya, por eso pienso que llegaste a mi vientre como un rayo de luz, como un cometa repartiendo brillo, como la vida perdida.
Tú llegaste Palomita.
Y yo resucité.
martes, 23 de diciembre de 2008
martes, 2 de diciembre de 2008
Señorita...
De que sonríe cuando este día de sol ha venido al fin a ocupar su lugar en el mundo derramando por cada rincón toda su fragancia de pastelito nuevo, recién hecho, dejando atrás todos los dolores condensados, viniendo a repartir besos tiernos de ombliguito nuevo.
Dígame, por qué causa usted sonríe también cuando le llevo a mi pecho como saludando virtuosa el milagro de su encuentro con mi leche dulce, como en la pequeña burla del secreto misterio que la sacó de mi vientre y al que quisiera devolverla para no tener que dejarle jamás escapar de mi lado...
Porque claro, se ríe usted ahora, se ríe porque no aventura mi alma hecha cristales el día en que despliegue sus propias alas para partir así, tal cual yo misma le habré enseñado.
Sonríe usted ahora porque no vislumbra (ni lo hará) el caudal de mi llanto desde su mirada diáfana el día en que ya no le tenga, ni sospecha usted acaso cuánto extrañaré su respirar cortito sobre mi pecho ni sus ojazos enormes encantándose con todas las simplezas de este mundo.
Señorita, por qué sonríe como en este instante, como si me conociera desde siempre, aún más allá de mi vientre y mi alimento, de sus balbuceos confusos, de sus caricias de manitos sucias, de sus saludos contentos, de sus patitas de queso, del eco de su respirar en mi aliento, de sus reclamos mojados, de su miel y de su lluvia... quiero pedirle, de todo modos, que aún más allá de todo eso nunca deje usted de sonreír.
Permítame sonreír ahora mientras le observo tan pequeña, tan nuevita y puedo ver más allá de su mirada de ángel un alma más grande que el océano y un espíritu aún más fuerte que el abrazo del mar, de ese mar de distancia generosa que me trae la herencia de sus mismos ojos en la promesa de su sonrisa pequeña y curiosa descrita y escrita en versos y concebida entre poemas transatlánticos.
Mira lo que has hecho, si hasta yo misma ya no puedo parar de reír porque en la trova de mis días se tejen también tus sueños, declamando que te amo en mil líneas de versos de espuma, porque mientras corra sangre por mis venas serán tuyas todas las certezas, para poder protegerte siempre, para devolverte a mi vientre, para cumplirte las promesas, para no arrastrar los pies entre llantos y fracasos y arrancarte constante del perfecto dolor del que debo protegerte y transformarte en mi vida entera, mi alma y mi corazón fundidos, mi cielo y mi horizonte, mi principio y mi final mi bella, eterna y dulce Señorita.
















